16/02/2022 às 14:29 Historias

Una comida celestial

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¡Qué título tan cursi, pero tan real! Real porque quien nos brindó la comida apareció como un ángel y porque saboreamos cada bocado como si fuera el maná. Esta es la historia de la noche en que comprobamos que las personas buenas son muchas y que tener la barriga llena es tener el corazón contento.

Normalmente nos alimentamos muy bien antes de los eventos de larga duración, mantenemos a la mano buena hidratación y tratamos de cuidar mucho la alimentación de nuestro equipo de trabajo. Hemos aprendido que trabajar con hambre disminuye nuestra motivación y creatividad… tómese este ratico para oponerse, si quiere… pero más que aprendido, lo comprobamos con la experiencia. Quizá no a todos les pase, pero a nosotros sí y por eso nos preocupamos por comer bien para poder trabajar con más energía y ánimo.

Cuando hay cosas que no podemos controlar, las cosas se ponen más difíciles. A veces no podemos comprar comida antes del evento ni durante las transiciones de momentos o a veces el ritmo de trabajo es tan intenso que no podemos parar ni a tomar un trago de agua. En la mayoría de eventos, los mismos festejados se encargan de que a nadie le falte nada, incluyéndonos a nosotros, y la atención es con un notorio cariño. Pero en otros casos, los festejados solo quieren disfrutar la fiesta y delegan toda la logística a otra persona, como un planeador, por ejemplo. Y de este último nos hemos encontrado de todo y ahí es donde más historias tenemos por contar, tristemente. En esta ocasión, los planeadores juegan de antagonistas, pero no queremos que se lleven el papel principal.

Estábamos trabajando en un evento muy bonito y especial. Los protagonistas eran una familia muy querida. El lugar, la decoración, la celebración y todos los momentos parecían de película. Logramos unas fotos muy lindas. Comenzamos a las 7:00 p.m. y descansamos a la hora de la cena aproximadamente a las 11:00 p.m. La organizadora nos dirigió a un lugar exterior para darnos la cena, pero una hora después, nunca llegó y el evento continuó. Cuando preparábamos la continuación del protocolo, nuevamente nos abordó para que fuéramos a comer y, nosotros ya con un poco de inconformidad, le respondimos que debíamos trabajar. Habíamos visto comer a todos los invitados y al personal del staff, pero nosotros aún no. No entendíamos lo que pasaba.

Cuando terminó el protocolo y comenzó el baile, siendo casi la 1:00 a.m., un mesero se acercó y nos invitó a que fuéramos nuevamente afuera a esperar la dichosa comida. Luego de un rato y nada pasaba, fuimos a la pista de baile a tomar otras fotografías. Mientras lo hacíamos, llegó un grupo musical que clausuraría la celebración y, mientras el baile terminaba, los atendieron a ellos y cenaron antes de su presentación. ¡Qué ira! ¿Cierto?

A las 2:00 a.m., cuando empacábamos nuestro equipo, nos abordó nuevamente la planeadora y nos dijo que esperáramos “la picada” que nos tenían, asentimos con la cabeza, pero nos fuimos para el parqueadero. Subíamos las cosas al carro y cuatro de nosotros ya estábamos adentro. Cuando el último cerraba el baúl, un mesero bajó agitado por el trote y rogó que no nos fuéramos y manifestó que estaba muy disgustado con el personal de cocina. Le expresamos la inconformidad, pero nos insistió esperar tres minutos. Aceptamos.

Pasados esos minutos lo vimos volver con una bandeja en sus manos. Para nuestros ojos fue ver cómo se abrían los cielos y sonaban trompetas angelicales mientras el mesero brillaba sobre una nube. Nos sentamos en la acera del parqueadero detrás de nuestro carro, nos dispusimos a comer y a conversar con el mesero. Él continuaba mostrando su enojo con el personal de cocina y nos contaba la situación como si tratara de excusarse. Nos hacía reír y nos levantó el ánimo. Nos prometió además otra bandeja y se fue por ella. Nos acompañó hasta que terminamos de comer y nos contó sobre su trabajo, incluso anotamos su cuenta de Instagram.

Cuando terminábamos, vimos bajar a la planeadora a quien un motociclista esperaba, y nos dijo: “bueno muchachos, al menos pudieron comer”. ¡Tan bella! (sarcasmo).

Dios es muy bueno y el mundo aún tiene personas muy buenas. De esas personas son las que más tenemos que aprender.

Foto: Luis Morales Tineo

16 Fev 2022

Una comida celestial

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